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domingo, 25 de noviembre de 2012

LA FORNICACIÓN ES UN PÁJARO LÚGUBRE (Abelardo Castillo)

—Cómo que no importa —se encontró diciéndole Bender a la chica, mientras, con gesto ausente, metía en el bolsillo del piloto el diario que acababa de comprar—. Es lo único que importa.
La chica tenía diecisiete años, pero aparentaba veinte y le llevaba casi una cabeza. Con tacos. Descalza, como hacía un momento en el Hotel Loto Azul, eran relativamente de la misma altura. Y hasta de la misma generación. Al menos con la luz apagada. La chica (impermeable de Ives Saint-Laurent, largo pelo de miel, paraguas para enanitos) dio un pequeño brinco y arrancó la húmeda hoja otoñal de un plátano. Se llamaba Agustina. Tiene ganas de dar saltitos, pensó Bender. La diáfana hija de puta todavía tiene ganas de dar saltitos. Él había trabajado como un émbolo, como un pistón, como cualquier otra cosa isócrona y bien intencionada, y ni siquiera había conseguido ponerla en marcha. Era como pretender bailar con una lápida. Tenía las reacciones de una cubetera. Y ahora daba saltitos.
—Si a usted le gusta para mí está bien —dijo la chica y torciendo el cuello hacia abajo, como un cisne, le dio un beso en la zona del ojo.
Demasiado alta, en efecto; podría ponerse tacos más bajos cuando sale conmigo. Mora sería incapaz de una cosa así. O apuntar bien cuando imagina dar un beso.
De todos modos, le había hablado de usted. Esto, en ella, significaba cariño irreprimible. Sólo que Bender (cuarenta y cinco años, profesor adjunto de letras, muerto de hambre) tenía la impresión de que entre una chica de diecisiete años y un tipo de su edad el único tratamiento natural era ése. Cómo está usted, señor profesor. Qué piensa de la toponimia del Amadís de Gaula, querido adjunto. ¿Me dejo puesta la bombacha, tío Bender?
—Vamos a tomar un café —dijo Bender—. Vos invitás.
Agustina abrió con alguna dificultad la cartera, a causa del paragüitas. Buscó algo. Sacó un considerable chupetín de forma cónica, lo desenvolvió y, mirando a Bender, le dio una chupada. No una chupadita, una chupada lenta, deliberada y hasta el tronco. Esta chica, con tal de tener algo en la boca, era capaz de chupar una llave inglesa. Siento un tironcito seco en el nacimiento de la nuca. Debí sentirlo en algún otro lado, pero después de cuarenta minutos de hacer de chupetín y una hora y media de bombear como una torre de petróleo en la Antártida, dudaba de tener pito. No me queda más que la cabeza.
—No tengo plata ni cinco —dijo Agustina, mientras sostenía esa cosa entre los dientes. Otra de sus características era que con cualquier objeto en la boca conseguía hablar con claridad. Bender, a veces, dudaba de que eso lo hubiera aprendido con él en sus pláticas de Española Medieval. —Y encima vas a tener que darme para el taxi. Lo que más me gusta es cuando ponés cara de malo. Lo último que tenía me lo gasté en este chupetín. No te preocupés, bobo, vas a ver que el día menos pensado voy a tener un orgasmo. ¿Vos creés que me va a gustar?

viernes, 26 de octubre de 2012

FESTIVAL SEMANA DEL ROCK NACIONAL 2012



El 1er sábado de noviembre es el Día del Rock Nacional, o al menos así es en la ciudad de Buenos Aires desde hace ya varios años. 
Con la idea de traer la propuesta del Dia del Rock Nacional a la ciudad de Santa Fe, Shangai Rock Bar, Mega 98.3 y Cerveza Quilmes se unieron para la realización del festival: “SEMANA DEL ROCK NACIONAL 2012”.
Se trata de 4 fechas en las cuales los programas de la Mega 98.3 te invitan a ver en Shangai Rock Bar a grandes bandas de la ciudad y la región. 
El festival se extenderá desde el jueves 1 hasta el domingo 4 de noviembre y la grilla será la siguiente:




JUEVES 1: el Gen del Rock y Tranquila Mente te invitan a disfrutar de SEGADES y LEO RAMALLO
VIERNES 2: Una mañana de rock y Un poco de respeto che te invitan a ver a CODA y ALMA MULA
SABADO 3: Dogos Rabiosos te trae a LIQUIDO SAGRADO y TNT (San Justo)
Domingo 4: Medianoche blues special te lleva a ROAD RUNNER y EL RASPOSO BLUES BAND (Parana)

ESCUCHA Y COMPARTI EL SPOT DEL FESTIVAL

martes, 21 de agosto de 2012

Vergonzosa condena a las activistas feministas Pussy Riot en Rusia

por : Celeste Murillo 
Fuente: http://www.ft-ci.org
Sábado 18 de agosto de 2012

El 21 de febrero de este año, la banda de punk feminista rusa Pussy Riots realizó una acción de repudio a la iglesia ortodoxa y al recientemente presidente reelecto Vladimir Putin. Las activistas ingresaron en la principal catedral de Moscú y en medio de una acción totalmente pacífica y realizaron una “plegaria punk” donde le pedían a la Virgen María que proteja a Rusia de Putin. Las activistas son 3 mujeres: Nadesda Tolokonnikova, de 22 años, Marina Alyojina, de 24, y Yekaterina Samuzevich, de 30.
Esta acción se realizaba luego de las elecciones presidenciales en las que Putin se declaró vencedor, a pesar de las denuncias de fraude y el creciente repudio entre la población, especialmente entre la juventud. El gobierno ya venía endureciendo las medidas represivas y recortando las libertades democráticas, con el objetivo de trabar la expresión de sectores opositores al régimen.
La acusación contra las activistas feministas busca ser aleccionadora no solo contra los sectores que se oponen al régimen sino contra quienes se atrevan a cuestionar la institución de la Iglesia Ortodoxa rusa, que le ha brindado un enorme apoyo al régimen y a Putin.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Los 4 adelantos de "Desde la Sangre" el 1er disco de Veneno Verdadero.

Veneno Verdadero, la banda del norte de la ciudad, largo 4 temas como adelanto de lo que va a ser "Desde la Sangre" su primer album. El cd saldria a la venta antes de septiembre. Por ahora nos queda solo disfrutar de estos 4 adelantos:

-Para hoy volver: El tema dedicado a esa gente que ya no esta, un tema melodico mas que nada, de los mas viejos de la banda... donde se agregaron cortes, y otros instrumentos para darle ese aire a melancolia que es lo que transmite el tema


miércoles, 25 de julio de 2012

Pugliese Pugliese Pugliese


Entre miles de artistas yetas, el ambiente artístico argentino sólo reconoce unánimente a un santo: Osvaldo Pugliese. El famoso tanguero es toda una salvaguarda para los artistas. Ya en vida era considerado un amuleto de buena suerte y él lo sabía: se llamaba a sí mismo 'la medallita del pueblo'. 

viernes, 13 de julio de 2012

Apuesta a la militancia musical



Publicado en el periódico PAUSA

Pereson y Lagger. (Foto: Olivia Gutiérrez)
Hermes Pereson y Esteban Lagger repasan la actualidad del SURock.

El SURock no para. La asociación que nuclea a los integrantes de la escena rockera de la región (músicos, periodistas, productores, empresarios, etc) está marcando agenda a través de la concreción de sus propuestas. Para interiorizarnos sobre ellas, hablamos con dos miembros de su Comisión Directiva: el presidente Hermes Pereson y el secretario Esteban Lagger.


domingo, 8 de julio de 2012

El nuevo videoclip de Astro Bonzo: "Blues del resentido"


Video promocional del segundo corte "Blues del resentido" (C. Deicas) del segundo disco de Astro Bonzo "Te llena de rock!" (2010). Esta es una grabación en vivo en el Patio Catedral Nueva de la ciudad de Santa Fe, Argentina, en el marco de la filmación del documental "65/75 Comarca Beat"

 

Más información: http://www.astrobonzo.com.ar

lunes, 2 de julio de 2012

La Patagonia Rebelde





La Patagonia rebelde es una película argentina dramática-histórica de acción de 1974 dirigida por Héctor Olivera y protagonizada por Héctor Alterio, Luis Brandoni, Federico Luppi y Pepe Soriano. Fue escrita por Olivera, Fernando Ayala y Osvaldo Bayer, basada en el libro de Bayer Los vengadores de la Patagonia trágica, que relata los hechos de la denominada Patagonia rebelde del año 1921.

martes, 21 de febrero de 2012

FLACO - Por Julieta Oberlin*

Si pensamos en nuestros grandes del rock nacional, se nos vienen a la mente Charly García, Pappo, León Gieco, Fito Páez... Y en este combo nunca puede faltarnos nuestro querido Flaco Spinetta.

La tristeza no se nos escapa, pero tampoco la alegría de poder seguir compartiendo su inimitable voz y su trascendente música.
Apenas habían pasado las seis de la tarde. La noticia explotó en los medios, en las redes sociales y en las conversaciones. El Flaco nos había abandonado físicamente. Y no sólo a los “viejos” de su época; la conmoción no tuvo ninguna barrera generacional.
Luis Alberto Spinetta había cumplido 62 años el pasado 23 de enero. Su vínculo con la música apareció cuando él era muy pequeño. Su padre era cantante de tango, pasión que el Flaco mamó desde siempre.
Sus primeros pasos en una banda, los tuvo con Emilio del Guercio (bajo y voz), Eldemiro Molinari (guitarra y voz) y Rodolfo García (batería) en el año 1967. Juntos formaron Almendra, banda fundadora y legendaria del rock nacional, sin dejar de lado a Manal y Los Gatos. Dos años más tarde, en 1969, Almendra saca su primer disco (homónimo a la agrupación), donde pueden apreciarse clásicos como “Muchacha ojos de papel”, “Plegaria para un niño dormido” y “Ana no duerme”.
Pero aquellos sólo eran los comienzos de la siempre activa, destaca y admirable carrera musical del inconfundible Flaco Spinetta. No podemos dejar de recordar las huellas que dejó en el rock nacional con la formación de Pescado Rabioso, Invisible, Spinetta Jade, Spinetta y los socios del desierto y toda su enorme producción como solista.
Su inconformismo con el arte es admirable. Siempre buscaba más. Siempre perfeccionando sus profundas poesías y exquisitas composiciones. Y gracias a esta actitud, se transformó en una de las leyendas más importantes de la música.
¿Quién fue el maestro de este gran músico? Nadie. Luis Alberto Spinetta no tuvo ninguna formación profesional. Sólo tomó algunas clases de guitarra criolla que luego abandonó para convertirse en un destacado autodidacta. Su apetito por la música crecía día a día. Comenzó también a incursionar en la guitarra eléctrica, el bajo, el piano y en teclados, por supuesto, siempre acompañando con su dulce e inconfundible voz.
En sus letras, Spinetta incorporaba figuras surrealistas, colmadas de poesía, lirismo y profundidad. De esta manera, el Flaco se convirtió en una suerte de rockero “de culto”, adorado por unos y mal comprendido por otros. Grandes pensadores influenciaban sus composiciones. Spinetta tenía conocimiento y pasión por Rumbaud, Van Gogh, Sigmund Freud, Nietzche, Foucault, Castañeda y en especial por Antonin Artaud (de quien recibe nombre uno de sus más exitosos discos).
Pero a pesar de su elevado nivel artístico, Spinetta logró sacudir los sentimientos de personas de las más diversas cualidades. El flaco no tiene un público específico. Con su música pobló muchas soledades y espacios vacíos. Nos hizo encontrar con lo más profundo de nosotros. Y embriagarnos así con sus palabras, encontrando el lado dulce de la nostalgia o de la alegría. También nos dio ánimos para seguir adelante, porque él nunca iba a decir “que todo tiempo por pasado fue mejor”, para él siempre “mañana es mejor”. O simplemente aquella guitarra, aquel bajo o sus agradables tarareos logran poner la piel de gallina a unos cuantos, para él “todas las cosas tienen música”.
Ayer tuvimos la triste noticia de su muerte. A mediados del año pasado, se le detectó cáncer del pulmón. Luis Alberto Spinetta había decidido no dar a conocer públicamente su estado de salud, pero no pudo contra ésto. En diciembre, todos los medios hablaban de él. Tampoco pudo contra el cáncer, que terminó con su vida ayer, miércoles 8 de febrero de 2012.
Su alma ahora está libre, repudiando todo encierro. Tal vez se encuentre merodeando en busca del lugar al que todos llaman cielo. O quizás ya se encuentre allí, pero ahora… ¿quién va a cebarle unos amargos? Seguramente la negra Sosa, Pappo o Moro

* Estudiante de la carrera de Lic. en Comunicación Social de la UNER. Integrante del programa radial "Bichos de radio" que va de lunes a viernes de 14 a 18hs por la FM X 107.3

lunes, 3 de octubre de 2011

El fútbol atorrante (Alejandro Dolina)

Vengo trotando con la pelota en los pies. Alguien me ha dado un buen pase y ahora me acerco al área contraria.
Presiento un galopito detrás mío y apuro el tranco, asustado. Miro. Lo que veo no me dice mucho. La defensa adversaria está bien ubicada. En cuanto alguno se avive que no se me ocurre nada, me atora y me quita la pelota.
Podría tratar de cortársela al wing, por detrás del marcador, pero esas casi nunca pasan.
También podría amagar el pase y seguir yo, pero noto en la cara del zaguero central que se trata de un individuo suspicaz: no se tragará ningún amague. De pronto, sin que nadie me lo diga, se que alguien aparecerá desde atrás para ayudarme. Entonces pongo cara de centreforward, corro al arco. El zaguero se corre un poco para tapar el tiro. Pero yo no shoteo. Le doy suave hacia mi izquierda. Y allí, por donde yo adivinaba, aparece el compañero, libre de marca, ganador, imparable. Casi sin acomodarla le mete un derechazo que entra por cualquier parte. Gol.
Después de celebrar con un grito, mientras los rivales deslindan responsabilidades, mi compañero me guiña un ojo. Al pasar me toca, apenas.
He pensado como él. He confiado en él. Somos amigos.
Sin mirarlo casi, le digo "Bien, che". Soy feliz.

Es hermoso el fútbol de la muchachada. El fútbol amateur, el de los equipos de barrio.
El que se juega en canchas alquiladas. O en los pocos potreros que nos quedan. El que llena el Parque Saavedra. O la cancha de Alianza. O la de atrás de los cuarteles de Ciudadela. O los descampados de San Miguel.
Sobre ese fútbol se ha escrito poco y mal. No seré yo quien lo remedie. Mi humilde intención es trazar algunos apuntes para que algún estudioso de verdad empiece a escribir de una vez un tratado completo sobre el tema.

Orígenes y dificultades
Un equipo atorrante puede nacer de mil maneras distintas.
A veces se compone de caballeros que trabajan en la misma panadería. En otras ocasiones, sus integrantes van al mismo colegio. O viven en el mismo barrio. O los echaron de un equipo anterior. Hubo una época en que no se concebía un grupo de más de diez personas que no tuviera su propio equipo de fútbol. Empresas, oficinas, herrerías, sociedades literarias y simples patotas han dado nacimiento a temas de tan glorioso recuerdo, que a veces uno sospecha que la fundación de ciertas entidades comerciales no ha sido sino el pretexto para la aparición del equipo de fútbol correspondiente.
Sin embargo no todo es tan fácil como parece.
Hoy en día resulta bastante dificultoso juntar once.
Yo recuerdo épocas en que cada vez que aparecía una pelota, había que echar a patadas a los postulantes.
Ahora todos son estrellas.
Este no puede porque tiene que viajar a Saladillo. El otro se va a la pileta. Al de más allá, la mujer no lo deja. Después quieren que el fútbol ande bien con semejante morralla.
Otro inconveniente es conseguir rivales.
-No, nosotros estamos en un campeonato.
-No, nosotros jugamos solamente contra equipos de otras empresas.
-No, este fin de semana ya tenemos partido.
-No, nosotros jugamos nada más que los lunes.
-No, a esa hora ni locos.
Es un infierno, les garanto.
Pero supongamos que usted ha conseguido a once malandras y que ha concertado un desafío contra unos tipos de San Isidro el domingo a las nueve de la mañana en la cancha del Parque Hernández, en San Martín.
La noche anterior usted empieza a sufrir. Porque de golpe y porque sí, dos tipos se borran. Hay que conseguir otros dos. Entonces usted comienza un espantoso peregrinaje en busca de reemplazantes. Y llama por teléfono o toca los timbres de sujetos que usted jamás convocaría en circunstancias normales. Y -para peor- los muy canallas se hacen los difíciles.
-¡Eh, recién ahora me avisás!
Y usted ruega y se arrastra por el suelo ante troncos irrecuperables tratando de arrancarles la promesa de su asistencia.
Al final, cerca de la medianoche, el equipo queda completo, con la desagradable presencia de un pibe de once años y de un cuñado suyo que ni zapatillas tiene.
Algo más tranquilo, usted procede a preparar su ropa. Indumentaria clásica: un par de medias llenos de agujeros. Otro par de medias para usar debajo, que también tiene agujeros, pero en otra disposición. Un pantalón con tierra del partido anterior. Un par de zapatillas gastadas y otras decididamenterra inservibles, para prestarle a su cuñado. Hay también canilleras, pedazos de trapo, piolines y otras basuras que suelen guardarse en la bolsa, más que nada para no tirarlas.
Después de esta operación, antes de acostarse, usted mira el cielo. Y con indignada consternación descubre algo espantoso: se está nublando. Son las cuatro de la mañana y usted permanece despierto. Truena. Sopla viento.
¿Lloverá? ¿Podremos jugar igual? ¿Desertará algún pusliánime ante la ventisca? Transpirando a causa de la incertidumbre, usted se duerme a las cinco.
Pero a las ocho ya está en pie. Despierto y con el corazón ardiente. Ha limpiado.
Sin nada en el estómago, usted se constituye en la cancha del Parque Hernández. Cuando llega son las nueve menos cinco. Y le espera una sorpresa desagradable: usted es el primero.
Pasan dos colectivos sin detenerse. El panorama es desolador. Sin embargo, en una punta del parque, como a cien metros de allí, hay unos morochos peloteando. Usted piensa que pueden ser sus compañeros que han llegado más temprano. Trota hasta llegar a ellos: se trata de desconocidos.
A las nueve y diez llegan otros atorrantes.
-¿No vino nadie? -preguntan inquietos.
-No -contesta usted.
Entonces los recién llegados se desesperan y se indignan. Los contrarios tampoco aparecieron. El partido peligra.
Cada vez que se detiene un colectivo, la esperanza ilumina a los reos. Desde antes que el coche pare, ya se van agachando para palpitar a través del parabrisas el arribo de algún otro malandra.
-A esta hora ya no viene más nadie -dice alguien.
Finalmente, a las diez menos cinco, con los nervios destrozados, usted empieza a jugar.

Nomenclatura, indumentaria y heráldica
Llega un momento, después de mucho padecer, después de innumerables desencuentros y partidos frustrados, en que el equipo tiene un elenco más o menos estable. Y aumenta la frecuencia de los desafíos. Entonces va creciendo el espíritu de cuerpo y el deseo de consolidar el grupo.
Este sentimiento ha engendrado no pocos clubes de barrio, con sede y todo.
Pero la primera medida que garantiza la existencia de un cuadro es la búsqueda de un nombre.
Enseguida aparecen propuestas inevitables: "Brisas del Plata", "Once corazones".
O sugerencias chuscas, casi murgueras: "Los lonyipietros de José Ingenieros", "Sacale el hilo a esa chaucha".
Me permitiré mencionar -a modo de homenaje- los inmortales nombres de algunos cuadros atorrantes que he conocido: "Halcón de Caseros", "Ciclón de Jonte", "Empalme San Vicente", "Barrio Chino", "Estrella del Sur", "Namuncurá", "Los místicos", "Agronomía Central", "La Academia", "Celtic de Merlo", "La matraca", "Hindú", "Resto del Mundo". Que el olvido perdone a todos ellos.
Otro hecho de importancia fundamental para la perduración de un cuadro es la adquisición de camisetas.
No nos vamos a demorar en su elucidación. Ya todos sabemos los métodos que se emplean para reunir el dinero: rifas, colectas, sustos y disparadas de toda índole.
Debo hacer notar -eso sí- dos tradiciones que se verifican siempre. La primera exige que las camisetas se estrenen perdiendo. La segunda, que se destiñan al primer lavado.

Personajes del fútbol atorrante
Cesarini decía que uno es igual en la cancha y en la vida. No sé si esto será cierto. Con la gente -ya se sabe- es inútil proponer leyes inmutables. Los postulados sirven para triángulos y cotangentes, pero no para los hombres de carne y hueso. Allí fracasan. Pero volvamos al potrero. Conozcamos sus personajes principales.
El morfón: Azote de las canchas. Egoísta y obcecado. Jamás pasa la pelota. Unicamente lo hace cuando está perdido. Sus pases son imperfectos, de mala gana, mordidos y con efecto. Algunos han querido ver en el morfón una concepción individualista del fútbol. Yo creo, simplemente, que un morfón es un pavote.
El tronco: No sabe nada. Es torpe. Y cada partido es para él una humillación.
El sobrador: Cobarde en la adversidad y fanfarrón en el triunfo. Este jugador suele aparecer cuando el equipo gana tres a cero. Entonces tira caños, intenta lujos y se burla de los rivales.
El pecho frío: Ausente de barullos y entreveros. Nunca se ensucia. Nunca grita. Nunca se enoja.
El loco: Suele ser puntero. Es eléctrico e imprevisible. Jamás hace caso, habla solo y se ríe de sus jugadas absurdas.
El arquero: Nunca supe qué es lo que hace que alguien se vuelva arquero.
Quizá alguna oculta vocación de trapecista. Hay algo curioso: los pibes más chicos se desesperan por ir al arco. Conforme crecen abandonan los tres palos y ya grandulones, hay que mandarlos a atajar de prepo.
El tipo que pasaba por ahí: Personaje cuya importancia pocos han comprendido. Es el undécimo hombre. Cada vez que falta uno, los muchachos miran a su alrededor, eligen al morocho más aparente y le lanzan la invitación.
¿Querés jugar? Y el tipo acepta. Lo ponen de cualquier cosa, por allá adelante.
Nunca le dan un pase. Lo ignoran. Ni siquiera le reprochan nada. Cuando termina el partido todos se olvidan de él, como si no hubiera jugado. Y quien sabe cuántos triunfos se han cimentado en el humilde trabajo de los tipos que pasaban por ahí.
El pibe: Es más chico que todos y se abusa. Sabe que no lo van a tocar y que hay diez grandotes dispuestos a detenderlo. Lo mejor es darle sin asco.
Hay muchos: el referí, el matón, el héroe, el caudillo, el delegado, el gritón, el que reparte las camisetas, el llorón, el lesionado, el suplente, el pavo y otros mil. Basta, por favor.

Mentiras criollas
Flotan en el aire algunos conceptos equivocados sobre la táctica y estrategia del fútbol atorrante. Y los futuros tratadistas deberán refutarlos.
Veamos algunos de ellos.
Es lo mismo perder uno a cero que diez a cero" Axioma que pretende inducirnos a atacar desesperadamente aunque nos revienten a goles. Es falso. Es mejor ir perdiendo uno a cero. De este modo con un gol de casualidad, empatamos. En el otro caso, nos ponemos diez a uno.
"Venimos a divertirnos" Frase que le sueltan a uno cada vez que se pone un poco nervioso.
Y aquí nos hallamos ante un punto fundamental.
"¿Venimos a divertirnos o a hacernos mala sangre?" me preguntan a veces cuando me enojo. Y yo contesto: "A hacernos mala sangre".
Sí señor, yo no vengo a divertirme. Para eso está el ludo, el desconfío o el pinchanúmeros, pero nunca el fútbol.
Yo quiero sufrir ante el resultado incierto. Padecer la angustia del dominio rival. Sentir miedo ante los golpes y aguantármelo. Quiero imaginar que cada partido es terrible y decisivo. Sé que deberé poner inteligencia y fortaleza.
Que hay compañeros que necesitan socorro y adversarios dispuestos a todo. Esta realidad me excita, me entusiasma, me indigna y me enfervoriza, pero no me divierte.
Y quienes van a la cancha a divertirse han equivocado el lugar.

Una receta para ganar siempre
No se trata de un esquema posicional. Es algo sentimental.
A tomar nota los técnicos, porque esta receta nunca falla.
Pues bien: sostengo que el afecto entre los integrantes de un equipo, lo torna invencible.
Por eso no debemos burlarnos socarronamente de aquellos que hablan del "grupo humano". Algo sospechan estos caballeros.
Yo recién lo descubrí hace poco. Una frase de Menotti me lo reveló.
El flaco le puso nombre a algo que yo sentía desde hacía mucho tiempo.
¿Por qué uno quiere en su equipo a ciertos tipos?
¿Porque juegan bien? ¿Porque se adaptan mejor al juego de uno? No. Uno los elige porque los quiere más. Ahora lo sé bien. Y sé que nunca podría jugar un buen partido con compañeros a quienes detestara. Es así.
Uno está dispuesto a alentar al que se equivoca, si hay afecto.
Uno ayuda al que está en apuros, si hay afecto.
Uno se mata cuando escucha al amigo que le grita "Bien, Negro".
Y este afecto, este viril cariño, es lo mejor que tiene el fútbol.
Este juego, señores, no es una escuela de vida, ni una filosofía, ni una cosmovisión, como pretenden hoy en día los deportistas presuntuosos. Pero el solo hecho de aprender a cinchar por un fin común y sacar la cara por el compañero basta para recomendar su práctica con todo calor.

El puntero llega al fondo de la cancha. Se dispone a lanzar centro.
Yo estoy en el medio del área. Muy marcado.
El puntero no centrea. Elude a su marcador y se viene hacia el área.
Uno de los qu me marcaba lo va a buscar. En ese momento me la toca.
La pelota viene rasante, firme. Yo presiento algo detrás mío.
Amago el remate, pero abro las piernas y la dejo pasar.
A mis espaldas entra, imparable, el compañero. Le pega un derechazo terrible. Gol.
Cuando vuelve me guiña el ojo. Al pasar me toca, apenas. Casi sin mirarlo le digo "Bien, che".
He pensado en él. He confiado en él. Somos amigos. Soy feliz.
Buenas tardes.