miércoles, 31 de marzo de 2010

Casa tomada (de Julio Cortazar)

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la mas ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y como nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejo casarnos. Irene rechazo dos pretendientes sin mayor motivo, a mi se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No se porque tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mi, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.
Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mi se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.
Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte mas retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte mas retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo mas estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble como se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venia impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tire contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mi me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.
-No está aquí.
Y era una cosa mas de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerza, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba contenta porque le quedaba mas tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papa, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:
-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?
Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos mas alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamo la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían mas fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

sábado, 27 de marzo de 2010

teamcry

° Otoño °
- Una copa de aguardiente - "Estos Celos - Vicente Fernández" - El olor a 4 personas - El calor infernal, y la sensación de que ese calor infinito te está atrofiando el cerebro - "Uncertainty, Ungodly Hour, Unsaid - The fray" - Una puerta, de una casa, en un barrio, en un sitio x - Unas baldosas.. de un piso que hace casi un año y medio en-te-ri-to no piso - Un columpio - El color de ese cielo - 66 - 127 - 45 - 14 - 146 - 26 - 60 - Sensaciones de vacío, ausencia y un nudo en la garganta que te arranca todo lo que eres - Una persona que ya está en otro espacio, en otro mundo.. probablemente mucho mejor que este - Una carta - Un pedazo de tela - Unas fotos - Dos blogs; uno que se me perdió con el tiempo y hace más de un año no visito.. otro que todavía anda por ahí - Intentar respirar y sentir que el aire te falta, que la almohada ya no ahoga tus gritos.. porque la voz ya no te alcanza - "Peter Pan - El canto del Loco" - Los cristales estrellándose en tu cabeza - "Plane Crash Dreams - Paramore" Esas y muchas más son las extrañas cosas que me recuerdan la palabra pasado.. Alguna vez sentiste que vives vidas.. (como el gato de las siete vidas) y que probablemente estás en la 3 o 4, ... el problema es cuando no recuerdas casi nada de las anteriores. Como si borraran tu memoria. Te aferraste a esta vida con tanta fuerza, que no queda ni rastro de las otras.. El corazón es lo suficientemente débil, tanto.. que se cansa.. y termina olvidando todo lo que alguna vez ha sido enmarcado con esas dos sílabas (do-lor).. se cansa de pelear.. Tanto, que se harta y crece lleno de curitas y canciones para dormir. Tanto.. que tristemente se olvida de aquellos a quien dijo querer bien bien en el fondo..
P.D 1 Veo que varías “princesas” andan comentándome últimamente, por lo que me ha surgido una duda.. no sé muy bien porque me escriben refiriéndose a mi como una más. Y no es que me moleste, pero si me gustaría dejarlo claro.. yo NO soy princesa ni nada que se le parezca.. muuuy lejos de ir por esos caminos.. si se molestan por ese hecho y no quieren volver a pasar, lo entenderé.. de lo contrario aquí son bien recibidas. De hecho siempre me paso por ciertos blogs con el ánimo de leerlos y encontrar nuevas historias, no porque me sienta exactamente identificada con esas situaciones.. un abrazo.
P.D 2 Maratón de Skins me tiene solo un poco.. "solo un poquito" trastornada.
http://fragilteamcry.blogspot.com

jueves, 25 de marzo de 2010

Primer viaje latinoamericano del Che (1952)

En 1952 Ernesto Guevara realizó con Alberto Granado el primero de sus dos viajes internacionales por América. Salieron el 4 de enero de 1952, desde San Francisco, Córdoba en la moto de Granado, llamada la Poderosa II. El viaje duró nueve meses y luego de pasar por Buenos Aires, Miramar y Bariloche, entraron a Chile por el bello Lago Esmeralda. En Chile pasaron por Osorno, Valdivia, Temuco y Santiago donde dejaron la moto definitivamente averiada. Se dirigieron al puerto de Valparaíso desde donde viajaron como polizones en un buque carguero hasta Antofagasta. Desde allí por tierra, principalmente en camiones, visitaron la gigantesca mina de cobre de Chuquicamata para dirigirse luego a la frontera con Perú, subiendo la cordillera por la provincia de Tarata, en la región de Tacna, hasta al Lago Titicaca. En abril llegaron al Cusco, la antigua capital de Imperio inca. Visitaron las ciudades incaicas del Valle Sagrado de los Incas y Machu Pichu y luego partieron hacia Abancay, capital de la Región Apurímac, donde visitaron el leprosario de Huambo, cerca de la ciudad de Andahuaylas.
El 1 de mayo de 1952 arribaron a Lima donde establecieron una estrecha relación con el médico "Hugo Pesce", conocido especialista en lepra, discípulo de José Carlos Mariátegui y dirigente del Partido Comunista Peruano, que influiría decisivamente en las decisiones de vida que adoptaría Guevara. De allí se dirigieron a Pucallpa donde se embarcaron hacia Iquitos y se instalaron para colaborar con el leprosario de San Pablo a las orilla del río Amazonas, donde médicos y pacientes les regalaron una balsa llamada "Mambo-Tango" para continuar su viaje navegando el río aguas abajo. En la balsa llegaron hasta la población fronteriza colombiana de Leticia, donde se desempeñaron como entrenadores del equipo de fútbol del pueblo. Volaron en hidroavión a Bogotá y allí se alojaron en las instalaciones de la ciudad universitaria de la Universidad Nacional de Colombia y su hospital, el San Juan de Dios. En ese momento, Colombia atravesaba la época de La Violencia, donde fueron arrestados pero prontamente liberados. En bus se dirigieron a Caracas, capital de Venezuela, donde Granado obtuvo empleo en un leprosario por recomendación de Pesce. Ernesto, por su parte, debía terminar sus estudios, por lo que decidió volver, utilizando un avión de carga de un familiar que hacía escala previa en Miami, donde trabajó de empleado doméstico de una azafata y lavaplatos en un restaurante. El 31 de julio de 1952 volvió a Buenos Aires.
Tanto Guevara como Granado realizaron diarios de viaje, mundialmente conocidos como "Diarios de motocicleta", en los cuales se basó la película de Walter Salles de 2004, que relata este periplo. Para ambos el viaje significó un contacto directo con los sectores sociales más relegados y explotados de América Latina. Para Ernesto Guevara resultó importante para comenzar a definir sus ideas y sentimientos sobre las graves desigualdades sociales latinoamericanas, el papel de los Estados Unidos y cuales podrían ser las soluciones. La influencia del médico Hugo Pesce sobre Ernesto fue muy grande, tanto por su visión mariateguista del marxismo, que replanteaba el papel de los indígenas y campesinos en los cambios sociales en América Latina, como por el ejemplo personal de vida como médico dedicado a los problemas de salud de los pobres y marginados. Al publicar su primer libro, La guerra de guerrillas, el Che Guevara le envió un ejemplar dedicado a Pesce diciéndole que le reconocía haber provocado "un gran cambio en mi actitud frente a la vida".
Una muestra de esas primeras ideas las expuso el 14 de junio de 1952, cuando cumplía 24 años, y el personal del leprosario de San Pablo le ofreció una fiesta. Guevara anotó sus impresiones de ese día bajo el título de "El día de San Guevara", y cuenta haber dicho las siguientes palabras a sus anfitriones:
Creemos, y después de este viaje más firmemente que antes, que la división de América en nacionalidades inciertas e ilusorias es completamente ficticia. Constituimos una sola raza mestiza, que desde México hasta el estrecho de Magallanes presenta notables similitudes etnográficas. Por eso, tratando de quitarme toda carga de provincialismo exiguo, brindo por Perú y por América Unida.
Al regresar a Buenos Aires, Guevara revisó su diario y redactó unas Notas de viaje en donde, entre otras cosas dice:
El personaje que escribió estas notas murió al pisar de nuevo tierra argentina. El que las ordena y pule, "yo", no soy yo; por lo menos no soy el mismo yo interior. Este vagar sin rumbo por nuestra "Mayúscula América" me ha cambiado más de lo que creí.
Finalizó sus estudios de medicina en la UBA (Universidad Nacional de Buenos Aires). En seis meses aprobó las 14 asignaturas que le faltaban, y el 11 de abril de 1953 recibió el título de médico, registrado bajo el legajo 1058, registro 1116, folio 153 de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires. Entonces realizaria su segundo y definitivo viaje.

miércoles, 24 de marzo de 2010

El jinete hueco (de Pablo De Santis)

Cuando era teniente del ejército patrio utilicé con frecuencia la estrategia de evitar un jinete al frente, para ver si estaba el enemigo. Como no quería que este peligroso ejercicio me hiciera perder hombres se me ocurrió reemplazar al jinete por un muñeco de trapo relleno con paja y sostenido con varillas de madera, al que dimos el nombre de Soldado Hueco.
En su primera misión, Hueco recibió algunos balazos. Como su presencia nos ayudó a salvar varias vidas, ordené que lo remendaran de inmediato para usarlo de nuevo.
Pronto nos acompañó en otras batallas, siempre en su puesto de vanguardia. Un gracioso prendió de su pecho una moneda a modo de medalla; no castigue la broma, porque creí que el muñeco bien se merecía algún honor. A la noche, en las charlas de los soldados alrededor del fuego, se hizo común oír el nombre del Sargento Hueco, a propósito de hazañas más o menos imaginarias.
Después de algunas heridas y una derrota que pesó más que las victorias anteriores, abandoné el ejercito y me dediqué al comercio de telas. Viajé por Holanda y por Italia para aprender las reglas del negocio, y regresé al cabo de años con telas baratas que vendí como si fueran las mejores.
En el tiempo que me dejaba el negocio, leía la historia de los años recientes; así me enteré de que Hueco fue nombrado General, que venció al enemigo en la batalla de Lema, que fue condecorado por esa victoria y que poco después cayó en una infame emboscada. Un testigo dice haber visto su cabeza en una pica; otro su cuerpo colgado. Sea como sea su cuerpo se perdió entre los escombros de la guerra. El escultor que debía hacer su estatua fúnebre todavía no ha conseguido una imagen del General Hueco, y el pedestal, con su nombre, instalado en un plaza, bajo un jacarandá, aún permanece vivo.

lunes, 22 de marzo de 2010

Hombres auténticos para una libertad autentica.

¿Somos libres? Vivimos en una sociedad, en la cual escuchamos constantemente cosas como “yo hago lo que quiero”, “acéptame como soy” y hablar de democracia, de igualdad. ¿Por qué entonces, plantear dicho interrogante? Para responder a esto debemos saber, que a lo largo de la historia los diferentes grupos dominantes han creado diferentes “sistemas” para hacer prevalecer sus intereses por sobre los del pueblo, sin el consentimiento de este. Violando de esta manera el derecho del hombre a la libertad. ¿Cómo aceptamos esto? De hecho esto no es necesariamente aceptado o mejor dicho conocido. Porque cada “sistema” tiene su propia manera de confundir al pueblo, utilizando para esto diferentes aspectos de la situación del hombre como su raza, religión, sexo, clase social, etc. O sea, el pueblo es esclavo del sistema porque no sabe que lo es o que puede no serlo. Así este dura hasta que es puesto en evidencia frente al pueblo. El sistema actual es el capitalismo, que para confundir crea una interpretación publica, que deriva de lo trasmitido por los mass media. Esto va orientado a impedir que el hombre logre la autenticidad, impidiéndole así ser libre. ¿Por qué? porque el hombre encuentra en la autenticidad su felicidad, porque el hombre que sabe quien “es” sabe que lo hace feliz. A partir de esto el hombre necesita de su libertad para realizar las acciones que le sean necesarias para lograr esta felicidad, también tiene que hacerse responsable de estas acciones. Entonces debe usar su libertad de manera responsable, por eso no debe ser solo guiada por los gustos y apetitos del hombre (porque, si así fuera, las acciones que este realizara podrían tener graves consecuencias y lo haría esclavo estos), sino también por la razón. A su vez el hombre vive en comunidad, y por esto su libertad tampoco debe ser absoluta, porque, sino, paradójicamente nadie seria libre ya que las libertades personales y absolutas de cada uno interferirían con las de los demás generando un desorden absoluto. Tenemos entonces, que el hombre encuentra en la autenticidad del “ser” su felicidad a través de acciones guiadas por la inteligencia, la verdadera libertad y la responsabilidad, estas cobran significado dentro de un proyecto de aceptación, acción y trascendencia. Seguir este proyecto no es para nada fácil, debido al ya mencionado sistema que a través de la interpretación publica hace que el hombre crea que la felicidad consiste en una vida más fácil idea que va en contra del objetivo de todo proyecto que es el de una vida mejor. Sin embargo por naturaleza, todos empezamos nuestra existencia sin conocer la autenticidad y vivimos nuestra niñez orientados por nuestros padres, por eso la búsqueda del “ser” comienza recién cuando el hombre crece y entra en la adolescencia, etapa en la que se dan cambios físicos de importancia y aparecen nuevos apetitos que hasta entonces estaban ocultos. Junto a esta revolución hormonal se da paralelamente una intelectual, la persona busca libertad, comprueba que ya no es un niño y que ya no le sirve, actuar como tal. De hecho es en esta etapa en la que como dice el Papa Benedicto XVI “Los padres han de ir devolviendo a sus hijos la libertad, de la cual durante algún tiempo son tutores” El adolescente busca, ante su nueva realidad, una nueva felicidad y como vimos esta se consigue a través del proyecto de aceptación, acción y trascendencia. La aceptación: es el saber quien “soy”, es volverse sobre si mismo para reconocerse en los elementos que le son propios empezando por la vida, el sexo, el color de piel, el aspecto físico, sus dones y fortalezas, sus defectos y debilidades, sus gustos, etc. Después de esto debe también reconocer otros aspectos propios de su situación que comprenden su familia, su clase social, su lugar de origen, etc. Esto no debe ser para sentirse producto de su situación ni para negar la misma, sino simplemente para observarla y ver que aspectos de esta debe o quiere modificar. A partir de la aceptación la persona reconoce su situación y se hace responsable de la misma, descubre que no es lo que actualmente es (su situación) y es lo que todavía no es (su proyecto). Entonces debe actuar para lograr este cambio, las acciones que realice para esto le serán propias y aunque esta puede pedir consejos de la forma de realizarlas, será el responsable de las consecuencias. La trascendencia también es propia de la persona, esta se gestara a partir de sus valores, ideales, creencias y será la que dentro del proyecto dará a todas las elecciones significado. O sea es el objetivo y el moderador del proyecto, puede encontrarse en sí mismo, en los demás y en el mundo pero si el hombre no encuentra fundamento suficiente en sí mismo, en los demás ni en el mundo, queda por ello abierto desde su estructura íntima, a algo más allá. El proyecto puede modificarse en cualquier momento aunque cuando más comprometido me encuentre con este más difícil me será cambiarlo y de hecho este cambio traerá angustia pero no será en vano, será una crisis fecunda siempre y cuando de esta salga un hombre nuevo. Es en esta etapa en la que podemos ver mas claramente como se confunde al hombre con la idea de una vida más fácil para obtener beneficios de esto. Así como en la infancia los padres eran los tutores de nuestra libertad, en esta etapa los jóvenes inseguros de sí mismos otorgan, sin saberlo, esta atribución de tutor al sistema, que la ejerce través de la sociedad masificada que es generada por la interpretación publica que nos dice lo que “se debe hacer”, que como vimos es trasmitida por los mass media. Esta sociedad masificada dice que tenemos que ser lo que se espera que uno sea, el salirse de lo “normal” es interpretado como “indebido”. De hecho se crean estereotipos para trasmitir esta idea, estos son poco profundos se caracterizan por darle importancia a la imagen a través de estos se prejuzga a las personas por su situación así por ejemplo un joven de clase alta va a ser un “cheto” y uno de clase baja un “negro”. Los estereotipos eliminan todas las diferencias personales para identificar al hombre totalmente con la masa anónima, así la persona no llega a “ser” sino que se siente un producto de su situación, esto además de quitarle la libertad le quita la responsabilidad, la persona piensa que es así porque no puede ser de otra manera. La responsabilidad se diluye así en un sujeto anónimo, indeterminado: frente a los actos nadie es responsable porque todos lo son. Entonces, el hombre que acepta estas ideas, cae en un estado de inautenticidad, en el cual cuenta con la protección de la sociedad masificada, así por ejemplo si no tengo aun clara mi vocación, lo más fácil que me permite superar la angustia de una decisión cuya responsabilidad recaerá sobre mí, es estudiar algo que se deba estudiar porque los demás lo consideren oportuno ya sea porque pueda tener una buena remuneración económica o porque proporcione cierto “status”. A causa de esto el hombre confundido buscara la felicidad, en cosas que no se la darán como el placer, el tener, el poder y aprovechando esto los poderosos conseguirán sus objetivos. Así tenemos como ejemplo al sexo irresponsable que genera grandes negocios interrelacionados como lo son: las Enfermedades de Transmisión Sexual, los anticonceptivos, el aborto, etc. Otro ejemplo es el negocio de alargar la adolescencia, teniendo en cuenta que el adolescente es quien más consume, se logra esto adelantando la revolución hormonal a través del alto contenido sexual de medios como la TV e Internet y haciendo que el joven no quiera crecer. Además tenemos: a los ya citados estereotipos que según su grupo consumen lo mismo(drogas, alcohol), a la belleza(cosméticos, cirugías), entre otros ejemplos. Claramente todo esto crea una situación en la que al hombre se le hace muy difícil lograr la autenticidad y por consiguiente ser libre. Ser feliz depende entonces en buscar la autenticidad sin miedo a equivocarse ya que quien mejor que uno mismo para saber que es lo que le hace bien. Y a pesar de que es imposible alcanzar esta autenticidad, empezar a buscarla ya es empezar a encontrarla.
Iván José Peresón